Mansedumbre, muestras aleatorias.

“...colgando de una callada desesperación…”
Time, Pink Floyd.

Muestra A:

Recibo de gasolina

Para el 4° viaje de la mudanza, la camioneta ya pedía gasolina. La gasolinera era el paso obligado.

 

$150 = 11.38Lt después le pide uno el comprobante al operador de bombas: “solo que no podemos darle factura ahorita. Es domingo y no está el que da las facturas”.

Uno insiste, mientras le entregan el pinche papelito viene la 2a parte: “y ya no vale que venga mañana, será día primero y es otro mes. No se puede facturar a mes pasado”.

Mentando madres se sube a la camioneta, que aun quedan otros viajes y se acaba el día.

Fin de la escena.

Muestra B:
En el super, x mercancía está sobre (o bajo) una etiqueta que pregona un precio un poquitín demasiado bueno para ser verdad.

“...habrá que verificar el precio, luego salen con que no era la etiqueta.”

Pero uno checa que el código en la etiqueta coincida con el que trae el objeto deseado y coinciden. No hay vuelta de hoja.

“De todas formas hay que verificar, luego no te quieren respetar el precio”.

Se escucha un refunfuño “tienen que respetar el precio marcado”, mientras se trata de localizar el lector de código de barras más cercano. Y hay que hacer cola para pasar la mercancía por el mentado artefacto.

Muestra C:.
La cola del banco es monumental, destaca un letrero: Fila preferencial para clientes. Por supuesto, sólo hay dos o tres privilegiados que pasan antes que uno.

El banco está lleno, apenas nos movemos y los de la fila “preferencial” siguen pasando antes que uno.

Hay 6 ventanillas, tres operan, uno está celebrando algún arcano rito sólo para iniciados y no atiende al respetable, las otras dos están cerradas.

Muestra D:
El nuevo centro comercial (o mall, como dicen por ahí) está de lujo. Tiene un amplio estacionamiento, cumpliendo con el reglamento en la materia.

Las dos primeras horas son $10.

Uno escucha las mentadas de madre por tal política del mentado “mall”. El sitio de marras está lleno.

Desde lo profundo de la neurosis.

Dicen algunos muy, pero muy, ancianos, que hubo una época en que se decía de una doctrina, ya extinta, que solía predicar algo como: “El Cliente, siempre tiene la razón”.

Probablemente eso era cuando, también dicen, a los perros se les amarraba con longaniza. O sea, hace un ingo.

¿Qué un comerciante o prestador de servicios no está obligado, por Ley, a entregar un comprobante fiscal a quien le compre? Si tengo que comprobar gastos, con todos los requisitos fiscales ¿Qué diablos hago?

¿Acaso no hay una Ley que obliga, a ese hipotético comerciante o prestador, a exponer el precio de sus mercancías, productos o servicios? ¿Qué pasó con las clásicas etiquetas con el precio?

¿Si voy a X banco a cambiar un cheque no soy considerado un cliente? ¿Aunque que no sea cuentahabiente? ¿No hay una Ley que prohíbe la discriminación?

Si un establecimiento, de acuerdo a su giro, está obligado a tener sitio de estacionamiento para sus clientes ¿Por qué pagar por ello? Pregunta obligada cuando grandes letreros anuncian, con firmeza, que el establecimiento NO SE HACE RESPONSABLE DE…

Neurótico que es uno.