La Máquina en la nueva era.

Manuel Ramos Herrera

 
Un vehículo, de cualquier tipo, qué es para Usted? ¿Masculino o Femenino? Ociosa pregunta, me dirá el lector. Pero la respuesta puede variar y hasta polarizar opiniones.

 

 
Para algunos, un automóvil, motocicleta, avión o embarcación tienen que ver con “poder”, expresado en HP, ruido, movimiento y velocidad. Bajo esos términos hay quienes consideran que estos son “masculinos”.

 
Pero algo nos debería indicar que el término “la máquina” lo dice todo. Cierto, en español es “el automóvil”, “el avión”, y pareciera que lo femenino está en “la motocicleta”. A pesar de esto, en las historias de la relación entre hombre-máquina se utilizan ambos “géneros”.

 
El as francés Georges Guynemer bautizó a su Spad S VII como "Vieux Charles" (viejo Charles). Como contraste, el multicampeón de F1, Sebastian Vettel suele llamar a los autos que conduce con sobre nombres femeninos.

 
Un pueblo como el italiano, lugar en donde se fabrican varios de los automóviles más rápidos, y bellos, del planeta, tiene un romance antiguo con el automóvil. Para ellos es “La maquina”, en femenino. Sin alegato posible.

 
Pero, probablemente ellos sean la excepción como cultura. En el resto del mundo la perspectiva sería estrictamente personal.

 
Aceptando que habrá quienes consideren que aplicar género a “cosas” sea algo absurdo, o que las máquinas sean algo neutro.

 
Pero si consideramos el plus que nos dieron estas máquinas al multiplicar nuestra capacidad de movilidad, entonces es sencillo entender que entre humanos y sus máquinas se dé una relación que trasciende a lo utilitario. No es extraño que consideremos a nuestros vehículos como “un amigo fiel”, o nuestra “chica”, estableciendo una relación “afectiva”.

 
El SigloXX nos regaló el poder de la movilidad. Autos, aviones, motos, barcos, fueron la respuesta tecnológica a la búsqueda de la Botas de las 7 Leguas. Los efectos de esta revolución se han dejado sentir en la cultura universal, en nuestras ciudades, y están afectando el equilibrio ambiental más allá de lo que se debe considerar como “razonable”.

 
Uno de los grandes culpables está presente en buena parte de nuestros aliados en la movilidad: el motor de combustión interna y su fuerte huella de emisiones de CO2.

 

Siendo un auténtico “petrol head” o “gear head”, tengo una profunda afición a los automóviles, motocicletas y a la aviación, sin embargo no puedo soslayar el imperativo racional de que debemos cambiar el paradigma de transporte y movilidad.

 
Sencillo, resulta por lo demás absurdo seguir construyendo nuestras ciudades bajo criterios de vialidades para facilitarle la vida a los automovilistas. El transporte personal es menos eficiente, es contaminante.

El arribo del vehículo que no requiere intervención humana para conducirse es también lo que podría marcar un hito en cuestión de transporte y movilidad. ¿Qué sentido tiene el vehículo privado si ya no tendremos que conducirlo?


¿podríamos establecer una ...ejem… “relación afectiva” con una máquina que se conduzca “sola”?


¿le podríamos nombre?


Confieso que, como fan, desde mi punto de vista la decadencia llegó con los tableros digitales, culminando un proceso que empezó con las transmisiones automáticas. Ya era ominoso un Ferrari sin su placa ranurada con las marchas para la palanca de velocidades, y con sólo dos pedales.


En este Siglo XXI, las cajas manuales son minoría ante la invasión de la nueva generación de las “automáticas”. Los números son implacables, el mejor rendimiento de combustible, aceleración, el bofetón llegó con la F1, cuando Ferrari presentó su caja secuencial y los hoy cotidianos mandos tras el volante.


En cuanto a la contribución del automóvil particular a la contaminación ambiental, hay que reconocer que la industria respondió aplicando tecnología que nos ha traído hasta la presente generación del motor de combustión interna.


Actualmente tenemos los motores más limpios, eficientes, potentes y duraderos de la historia del automóvil. ¿Qué tal un automóvil con varios cientos de HP y que “sólo” arroje 70gr de CO2 por KM? Para que nos demos una idea, el V8 de una SUV nos regala una emisión promedio de 300gr de CO2 por ese mismo KM.


Pero el final se acerca, los últimos años del motor de combustión interna, el viejo Ciclo Otto, están a la vista. La sociedad con los motores eléctricos, los Híbridos, puede extender la vida unos años más de estos apestosos, magníficamente ruidosos, humeantes y poderosos motores de explosión.


La reacción de los aficionados de la F1, ante el ahogado gemido de la nueva generación de turboalimentados, fue unánime ¿¡WTF!?, probablemente nos acostumbremos con el paso de cada temporada. Pero… ¿Dónde quedó el aullido animal de los V8, V10 y V12 de antaño?


Entiendo, mucho puede dañar la persistencia del crecimiento desmesurado del automóvil particular para la movilidad urbana. Es simple, debe ser reducida a mínimos, de nuevo, no es razonable construir ciudades para comodidad del uso del automóvil particular como medio de transporte. No si soñamos con algo como Ciudad Sustentable.


Y Usted disculpe, no estoy hablando de dos cosas diferentes. Todo tiene relación, en su forma actual, nuestro amado automóvil va camino a ser un anacronismo más. ¿Qué sentido tendría un M3 circulando a 130 KPH bajo el mando del GPS? Igual valdría venir durmiendo en un autobús moderno. Y es más eficiente.


Pero sería una locura mantener este ritmo, y el signo de los tiempos es que el paradigma debe cambiar si queremos evitar que el desastre ambiental se sume a la congestión de nuestras ciudades.


Sí, La Máquina y el motor de combustión interna. Como los italianos, para un servidor se trata de algo femenino. Pero no importa cuanto amemos a nuestros automóviles, la realidad es más terca que cualquiera de nuestras ilusiones. Algún día le contaremos a nuestros nietos sobre esos poderosos V8, historias de arrancones y de esos magníficos, ruidosos y poderosos artefactos.


Pues nos debe quedar claro que, bajo la medida de la razón, la fiesta no debe continuar. Nuestro futuro está en juego.